foto_primavera_01.jpg

Yo que pensaba que mi angustia no tenia fin, me equivocaba rotundamente. En ti confié, y en ti puse mi fe, y no dejaste de cubrirme con tu manto de esperanza.
Aun cuando yo estaba lejos seguias velando por mi, y cuando quise volver a tus brazos sonreiste y pusiste lágrimas de alegria en mis ojos.
Cuando a ti clamé, de fuerzas me llenaste, para no rendirme nunca. Y cuando mis lamentos parecian no acabar nunca, en ti busqué ayuda, y hoy te llevaste el dolor para darme consuelo.
En deuda estoy contigo, Dios, pues me devolviste la primavera que me habia sido arrebatada.
A ti serviré, y tu nombre predicaré en medio de las tinieblas, y sin temor, pues tu amor infinito
es mi espada y mi escudo. Bendito sea tu nombre.