Yo que pensaba que mi angustia no tenia fin… ¡Estaba tan equivocado! En ti confié, y en ti puse mi fe, y no dejaste de cubrirme con tu manto de esperanza y amor infinito.
Aún cuando yo estaba lejos seguías velando por mi, y cuando quise volver a tus brazos sonreiste; y pusiste lágrimas de alegría en mis ojos.
Cuando a ti clamé, de fuerzas me llenaste, para no rendirme nunca. Y cuando mis lamentos parecían no acabar nunca, en ti busqué ayuda, y hoy te llevaste el dolor para darme un consuelo verdadero. Y me siento en deuda, Señor, pues me devolviste la primavera que me habia sido arrebatada. Has cubierto con flores y vida mi mundo.
Y a ti quiero servirte, tu nombre quiero predicar en medio de las tinieblas, donde te necesitan tanto y sin temor, pues tu amor infinito es mi espada y mi escudo. Bendigo tu nombre, santo, santo, santo.


Deja un comentario
Feed de los comentarios de este artículo