Nuestra foto, donde salimos sólo los dos. Esa foto que ya quemé.

Tú, con tu vestido rosa de princesa, sus pliegues reales, y tu sonrisa que adorna el ambiente.
Eres como flor, delicada y bella.

Ella… y esa sonrisa. Qué ironía.

Y él, vestido de noche oscura, con sus ojos púrpura, y una ancha lágrima que cae en su pecho quebrando la noche.

Y él, ingenuo de todo, vanidoso en su nocturnidad.

Es su noche, de los dos, su noche.
Es mi noche, tu noche.
Son los susurros en tu oido,
y el mirar el cielo preguntando,
si acaso permitirá Dios que
caminemos juntos; que es lo que quiero.

Supuesta noche, en realidad él cree eso.
Su espíritu se pierde en cosas vanas.
Pero Dios ha dispuesto algo más complejo.
Eso es lo que Él quiere.

Es poner mi mano en tu hombro,
y como un niño no querer soltarte,
es sentir tu rostro junto al mio,
en aquel asiento, y respirar
el humo de prozac que fumo,
para no romper a llorar de alegría.

Es caer en la trampa,
y como niño no querer comprender,
que aquel humo de prozac que fumaba,
solo engrosaba el grillete, preparando el llanto del desamor.

Para no romper a llorar ahora,
Para un día llorar, cuando comprendiera.
para…





Debo ser fuerte, y vencer al tiempo y a las distancias,
porque el amor todo lo vence,
todo lo conquista, sabes?

Debo ser fuerte y seguir mi camino,
vencer este cuerpo, y buscar el amor divino;
el real. Sabes?

Y siendo tú mi vida; ¿como no he de creer en ti?
Estaré contigo, y despertaré contigo,
y caminaremos juntos por el camino de la vida,
porque esa es mi convicción al despertar…

Siendo Tú mi vida… Creí en ti, y lo sigo haciendo.
Dispuesto a levantarme cada día, para luchar en esta vida,
por aquello que únicamente importa;
que es servir tu voluntad,
esa debe ser mi única convicción al despertar.