Son las tres de la tarde, y desperté hace dos horas.
Dormí pésimo. Entre un calor sofocante y el frío que entra por la “pared” que da a la calle.
No pude despertar a tiempo para ir a clases, lo cual me frustra mucho, y pareciera ser de esos días en que quiero devolverme con urgencia a Santiago.
Naturalmente no todos mis días son días buenos; el 70% de mis días (acá) son días malos que se arreglan (un poco).
Me siento agotadísimo, aunque no creo haber hecho mucho. Lo cuál es malo. ¿Cómo me sentiría si hubiera hecho mucho?
Me agota el tener que compartir mi espacio con personas que a fin de cuentas son desconocidos, y más me agota sentirme en cierto modo excluido y confinado a una calidad distinta a la suya. A veces creo que me ven como un bicho raro, y otras simplemente tratan de olvidar que existo para simplificar sus problemas. (No sé como explicar eso).
No me siento libre, ni menos independiente, puesto que dependo de ellos, aunque de poca o nula ayuda son.
Esto tambien afecta mi relación con Dios. Porque son precisamente estos días en los que me siento lejos…
como si me hicieran aparte, no lo sé, ¡que complicadas las cosas que siento a veces!
Tengo que ir a Santiago, por último a descansar un poco…
Estoy seguro que si releo esto me darán náuseas.

Valparaíso, Chile. 23 de Octubre de 2009
Luis Paz Levío.