Estás navegando por los archivos mensuales para diciembre 2011.

Revivo en cada suspiro
en cada latido desencadenado
por recordarte
y saber que mañana
estarás ahí de nuevo

Escribo:

Todo tiene sentido.

Se me acabó el tabaco,
y la amargura,
y es extraño
porque
no recordaba
como sabían las sonrisas sinceras
ni las taquicardias compartidas
ni las conversaciones de tus pupilas
y las mías.

“Cuando me siento el mejor como hoy, veo la luz y pienso; ¡Uff! ¡Vaya cruz que llevas tú!…

De pie frente a la horca.
Público ansioso,
tiembla.

Mi piel morena respira por vez última.

El moro,
el condenado,
el paria.

El destino escribió mi final
con tinta carmesí.
Elevo la vista hacia el cielo,
y ahi está ella.
Esperándome.

¿Tan rápido olvidaste tus sueños

que incluso olvidaste quién eres?

  En la cima de una colina, en un lugar muy bello y apacible, había un gran árbol, que ofrecía sus frutos a viajeros, aves y a quien quisiera. Cierto día, llegó a vivir a la colina una familia, una pareja y sus dos hijos. A la familia le gustaba mucho el árbol, tanto así, que fue acabando rápidamente con sus frutos, sin preocuparse por él, ni mucho menos cuidandolo. El árbol no dudaba en entregar lo que naturalmente podía, sin embargo, la familia solo quería sus frutos, y le exigía más, diciéndole que era un mal árbol, porque no daba los frutos que ellos querían. El árbol poco a poco fue muriendo, secandose y pudriendose. Él no entendía qué hacía mal, y la familia insistía; pero un día la familia llegó a odiarlo. Los niños y la pareja fueron por él. El árbol seco, casi sin hojas, y débil fue masacrado por la familia, que con hachas lo redujo a la peor leña que pudiera imaginarse. La familia era feliz así, pensando que el árbol era un mal árbol, que debía hacerlos felices con sus frutos, y que si no lo lograba, entonces no debía seguir existiendo.

Amanece.

Hay muchachos de diécisciete años allá afuera
con los brazos destruidos
sus piernas amputadas

para todo eso hay prótesis
algo podrá hacerse

pero no hay nada peor
que tener el espíritu hecho pedazos
no hay prótesis para el espíritu
ni nada que pueda hacerse

Ya no tengo el espíritu hecho pedazos, Mabel.
No más.

Florece, todo florece.

 
Estrellarse contra el pavimento
siempre es un riesgo
pero, ¿y qué?
hasta ayer solo esperaba
con una soga
o con arsénico
quizás un 30 de febrero
pero
démosle emoción al asunto
no todo es tan gris
después de todo
la sonrisa perfecta
es la única cosa digna por la que vale la pena luchar.

Cinco lucas
el departamento
el centro
el pelo
que ay, que vamos
que mi calzado
que me descalzo
que me desclaso
que erís, que no erís
rápido
helado
mi pecho
lo como
el verano
lo viajo
los cerros
de nada
los subo
qué importa
que lucha
que guíame
el mate
las mates
las clases
no hay
veintiún dolores de la concha de tu madre
que siguen
habiendo
treinta y cinco grados
la sombra
las luces
la ciudad llena de luces
la ciudad nunca duerme
las dos lucas
las dos
las
perdí
el carajo
esto no sirve
esto si sirve
te creo todo
te creo nada
te odio
no te odio
quien te entiende
quien te miente
quien te tiene en mente
me tienes en mente
pero no estoy
porque soy
no puedo estar
no puedo pensar
no puedo dormir
no puedo amar
no hay plata pal pan
no hay plata pa amar
que los cuatro viajes
que los cuatro puntos cardinales
que la humedad
que paraguay
que mi amigo paraguayo
que la indirecta
que la directa
la dura
la neta
es en serio
es en broma
mentira
no sabo
la letra difusa
mi prosa protesta
en momentos precisos
la sílaba pesa
pesares detesto
en mi arte convierto
el dolor de pensarte
dormido
despierto
te olvido
te maldigo
te bendigo
te ruego
tu cintura
tu vida
la mía
la nuestra
futuro
que nunca puede
que no se puede
que pobre diablo
que pobre
que pobre
que pobre
¡diablos!
Te espero
que vamos
te quiero
y ya no
pero si
es que no sé
que el tiempo
no anda
no manda
mi paso
ni versa
los tuyos
te pasa
que a veces
te ríes
conmigo?
Sonrío
recuerdo
la nada
concreta
la tele
la cama
el dolor de cabeza
las cagaste
me cagaste
confié en tí
y te perdí.
Por favor
seamos honestos

soy sencillo
como un perro vago
no me ando con cuentos si quiero echarme
o si quiero rascarme
o si quiero bostezar

me molesta un poco
tanto teatro
tanto saltimbanqui arribista

me duele un poco
tantos patanes sueltos
y tanta dama tracionera
despiadada

tanto asi que comprendo
por qué tanto hastío
entre los solitarios como uno
después de todo

La esperanza dispone de tantos terrenos baldíos
Las madrugadas infelices no son lo mío,
ni menos pelearse con las esperanzas,
o mandarlo todo al carajo,
pero no puedo negar que a veces
no queda más que lanzar una blasfemia
con ganas, del alma,
un alarido bárbaro,
como si fueras a ahuyentar un espíritu oxidado
porque
sin saberlo
podemos atravesar a otros tantos vagabundos
que aún no se dan cuenta
que a veces solo hace falta lanzar un alarido
entre la multitud
entre podredumbres
para despertarse uno mismo
curarse el espanto
y seguir;
como si no hubieran más madrugadas infelices
ni esperanzas caprichosas que vienen y se van
y nos dejan en pelota.
Carajo.
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