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Revivo en cada suspiro en cada latido desencadenado por recordarte y saber que mañana estarás ahí de nuevo Escribo: Todo tiene sentido. Se me acabó el tabaco, y la amargura, y es extraño porque no recordaba como sabían las sonrisas sinceras ni las taquicardias compartidas ni las conversaciones de tus pupilas y las mías.
“Cuando me siento el mejor como hoy, veo la luz y pienso; ¡Uff! ¡Vaya cruz que llevas tú!…“
De pie frente a la horca.
Público ansioso,
tiembla.
Mi piel morena respira por vez última.
El moro,
el condenado,
el paria.
El destino escribió mi final
con tinta carmesí.
Elevo la vista hacia el cielo,
y ahi está ella.
Esperándome.
¿Tan rápido olvidaste tus sueños
que incluso olvidaste quién eres?
En la cima de una colina, en un lugar muy bello y apacible, había un gran árbol, que ofrecía sus frutos a viajeros, aves y a quien quisiera. Cierto día, llegó a vivir a la colina una familia, una pareja y sus dos hijos. A la familia le gustaba mucho el árbol, tanto así, que fue acabando rápidamente con sus frutos, sin preocuparse por él, ni mucho menos cuidandolo. El árbol no dudaba en entregar lo que naturalmente podía, sin embargo, la familia solo quería sus frutos, y le exigía más, diciéndole que era un mal árbol, porque no daba los frutos que ellos querían. El árbol poco a poco fue muriendo, secandose y pudriendose. Él no entendía qué hacía mal, y la familia insistía; pero un día la familia llegó a odiarlo. Los niños y la pareja fueron por él. El árbol seco, casi sin hojas, y débil fue masacrado por la familia, que con hachas lo redujo a la peor leña que pudiera imaginarse. La familia era feliz así, pensando que el árbol era un mal árbol, que debía hacerlos felices con sus frutos, y que si no lo lograba, entonces no debía seguir existiendo.
Amanece.
Hay muchachos de diécisciete años allá afuera
con los brazos destruidos
sus piernas amputadas
para todo eso hay prótesis
algo podrá hacerse
pero no hay nada peor
que tener el espíritu hecho pedazos
no hay prótesis para el espíritu
ni nada que pueda hacerse
Ya no tengo el espíritu hecho pedazos, Mabel.
No más.
Florece, todo florece.
Estrellarse contra el pavimento
siempre es un riesgo
pero, ¿y qué?
hasta ayer solo esperaba
con una soga
o con arsénico
quizás un 30 de febrero
pero
démosle emoción al asunto
no todo es tan gris
después de todo
la sonrisa perfecta
es la única cosa digna por la que vale la pena luchar.
Cinco lucas el departamento el centro el pelo que ay, que vamos que mi calzado que me descalzo que me desclaso que erís, que no erís rápido helado mi pecho lo como el verano lo viajo los cerros de nada los subo qué importa que lucha que guíame el mate las mates las clases no hay veintiún dolores de la concha de tu madre que siguen habiendo treinta y cinco grados la sombra las luces la ciudad llena de luces la ciudad nunca duerme las dos lucas las dos las perdí el carajo esto no sirve esto si sirve te creo todo te creo nada te odio no te odio quien te entiende quien te miente quien te tiene en mente me tienes en mente pero no estoy porque soy no puedo estar no puedo pensar no puedo dormir no puedo amar no hay plata pal pan no hay plata pa amar que los cuatro viajes que los cuatro puntos cardinales que la humedad que paraguay que mi amigo paraguayo que la indirecta que la directa la dura la neta es en serio es en broma mentira no sabo la letra difusa mi prosa protesta en momentos precisos la sílaba pesa pesares detesto en mi arte convierto el dolor de pensarte dormido despierto te olvido te maldigo te bendigo te ruego tu cintura tu vida la mía la nuestra futuro que nunca puede que no se puede que pobre diablo que pobre que pobre que pobre ¡diablos! Te espero que vamos te quiero y ya no pero si es que no sé que el tiempo no anda no manda mi paso ni versa los tuyos te pasa que a veces te ríes conmigo? Sonrío recuerdo la nada concreta la tele la cama el dolor de cabeza las cagaste me cagaste confié en tí y te perdí.
Por favor seamos honestos soy sencillo como un perro vago no me ando con cuentos si quiero echarme o si quiero rascarme o si quiero bostezar me molesta un poco tanto teatro tanto saltimbanqui arribista me duele un poco tantos patanes sueltos y tanta dama tracionera despiadada tanto asi que comprendo por qué tanto hastío entre los solitarios como uno después de todo La esperanza dispone de tantos terrenos baldíos
Las madrugadas infelices no son lo mío, ni menos pelearse con las esperanzas, o mandarlo todo al carajo, pero no puedo negar que a veces no queda más que lanzar una blasfemia con ganas, del alma, un alarido bárbaro, como si fueras a ahuyentar un espíritu oxidado porque sin saberlo podemos atravesar a otros tantos vagabundos que aún no se dan cuenta que a veces solo hace falta lanzar un alarido entre la multitud entre podredumbres para despertarse uno mismo curarse el espanto y seguir; como si no hubieran más madrugadas infelices ni esperanzas caprichosas que vienen y se van y nos dejan en pelota. Carajo.


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