You are currently browsing the category archive for the ‘Locuras’ category.

De pie frente a la horca.
Público ansioso,
tiembla.

Mi piel morena respira por vez última.

El moro,
el condenado,
el paria.

El destino escribió mi final
con tinta carmesí.
Elevo la vista hacia el cielo,
y ahi está ella.
Esperándome.

“¡Estoy cansado, sí cansado!” (dice el poeta golpeando la pared con su puño, paseandose intranquilo por la habitación sigue hablando consigo mismo)

“Mucho he soportado y mucho he esperado por una solución mágica,

una fórmula misteriosa que sea capaz de erradicar mis males, mis pesares,

mis agovios, mis tareas, y nada resulta, ni resultará, tan solo una voluntad de hierro y unas ganas de decirle al mundo que aqui estoy, ¡carajo!, ¡que basta!, que no quiero ni limosna, ni ayudantes, ni secretarias, ni cajeros, ni abogados, ni papeles, ni trámites, ni paseos,

que al carajo mis preocupaciones, que estoy vivo,

que respiro, que amo, que odio,

que salto, que llanto, que pena,

que adiós, que hola, que pasa,

que sigo, que voy, que vuelvo,

que aqui estoy parado conversando,

diciendo que basta, que suficiente…” (Abre la cortina y mira hacia el parque contiguo a la avenida principal, mira ahora su máquina de escribir fijamente y continúa)

“Mi Remington, mi querida Remington…

mi terapia favorita, donde me puedo deshacer de las arpías de taco alto,

donde el maestro de filosofía puede ser un miserable roedor, o un pobre diablo muerto de hambre,

donde el burgués duerme en el suelo lleno de harapos, donde los niños sí son felices y no hay desquiciados que atenten contra ellos… dónde pueda llover al fin lo que necesita este mundo infeliz…

Mi querida Remington… no quiero más miseria, no quiero lloriqueos moribundos,

ni enfermedades terminales, ni muertes bestiales en copas de vino,

no quiero un cansancio de los mil demonios sobre mis hombros, ni nada parecido,

hoy levanto el vuelo y parto, porque es demasiado el hastío de mi situación, ¡se acabó!” (el poeta abre la ventana y se lanza al vacío desde el piso séptimo. Cae rápido, pero levanta el vuelo, llega tan alto como el sol, tan alto como las nubes. Desde arriba saca una pluma y comienza a escribir en las nubes hasta que estas se hinchan).

[En la ciudad comienza a llover. Llueven gotas de poesía.]

Ni una maldita lágrima.

[...]

 

 

Nunca estuve dispuesto a tanto…

¡Este golpe será tan, tan fuerte!

Quizás mis decisiones rayan en lo infantil, lo sé.

Pero, ¿me cedes esta pieza?

no hay otra, no habrá otra.

Escucha el ruido del vinilo, y como nos reímos nerviosos.

No lo hago tan mal, ¿no crees?

Después de todo soy poeta, no bailarín.

La hora 25

hora de todo y nada

hora de saludos y despedidas eternas

hora de tu olvido

hora de olvidarme

hora de irme

hora de llegada

horas y horas

horas y ahoras

horas que pasan

horas que danzan

horas para todo

horas para nada

horas y horas

horas y ahora

horas, infinitos ahora

ahora y nunca

ahora y en la hora

[de nuestra muerte

amén.

Tal vez nadie la ve como yo la veo,

tal vez dicen: “Bueno, ¿qué le ves?”,

y está bien preguntarlo, insinúan quizás que nada tiene, pero…

para mi es distinto, ella para mi es especial.

No es como todas, no hay ninguna otra como ella.

Ella se roba toda mi atención infantil,

su figura, infinitamente armónica,

su sonrisa llena de paz, y amor

y en sus dedos el cariño sincero de alguien sensible.

¡Cómo quisiera enredarme en sus sueños

y cruzar sus nieblas y demases!

Ser su caballero andante y jurarle amor eterno y fidelidad

robar la flor más bella del campo y dársela

luchar contra el destino y siempre en su causa fiel paladín

¡Cómo ella no hay nadie!

¡No!

Y… como quizás nunca disfrute de los amaneceres con ella

no estaré con ninguna, con nadie

y en secreto o en publico lo diré;

ella es única y sin igual, y mi sangre fluye por ella sola.

Voy en serio.

Cadd9               C

Porque cada cosa

Cadd9               C

que escribo la hago

Am Asus2-Am                                                                                          ♣

pensando en ti.

03.00 am

Tic-tac…

¿Dónde estás? ¿En que brazos?

Métamorphose

Nadie, ninguno,
nunca, jamás,
de ninguna forma,
no importa cual,
no podrán, no,
no lo harán,
[tomo aliento]
¡No señor!
¡No me importan sus razones!
¡Ni argumentos!
[señalo con mi dedo, amenazante]
¡Escucha!
¡Escucha bien!
¡Que no podrán, te digo!
[mi puño golpea la mesa]
[mirada desafiante, molesto]
[los enfrento]
Escuchen, que ni el océano y su furia,
ni los diluvios, ni las tormentas,
ni sus fusiles crueles, ni sus emboscadas,
ni la justicia despiadada, ni el Olimpo coludido,
ninguno, ni uno solo, logrará cambiar el curso de esta nave,
no podrán señores, no,
que no he de naufragar por el mal presagio, ni miedo habrá,
y seguro, segurísimo, que Morfeo subsanará la llaga profunda aparente,
y sabré enfrentarme a la soledad imperante de mis días,
aunque desee con el espíritu entero tener cabida en sus latidos,
ni retirada ni rendición, que la resignación es un suicidio cotidiano, señores,
y escuchadme atento, que he de gritar en todos los puntos del globo,
no podrán quitarme el aliento del vivir, que como don,
puesto en mi existencia, cual antorcha ha de arder cuanto tiempo sea necesario,
y aunque no cesen las heridas de sangrar, primero caeré muerto antes que desistir.
Resistir, pero nunca desistir. Que si hay voluntad, siempre hay manera…
[rodeo la sala con ojos ardientes de pasión]
No podrán callar el latido insistente,
no podrán.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.