C’est fini

No siempre ganan mis latidos; -como hoy- que en un vaso de leche me he resignado a continuar como estoy; he ahogado una tontería, he ahogado al amor mismo y su morada inquieta, empuño mi sangre y me dispongo a marcharme a otro regazo inexistente. Asumo mi erial. Si. Flor que toco se deshoja, y el mal sembrado recojo.
Y mientras dormía comprendí que incluso así es mejor; un manojo de sentir como yo necesita de que vivir, necesita algo de conmoción, algo de ilusión, algo que lo nutra aunque sea un rato; darle sazón a la monotonía del odiar, -que es tan común- y de vez en cuando aventurarse en la mar del amar, que es tan extensa. ¿Quien lo haría sino yo?

Y no hay excusa querido amigo… sino que ahogues con fuego ese mar de amar, y proceda la muerte; es decir, la resignación que es un suicidio cotidiano. C’est fini.

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