Me retiro.

¡Cómo, cómo!
¡Dime como habría de quitarte tu alegría, compañero!

Afortunado enemigo,
tan afortunado, tan,
no podría arrebatarte la ambrosía
que bebes de esos labios dorados.

Y te dedico estas palabras,
un tanto amargas, pero que pretendo
sean perennes, (pues me retiro)
y mis congratulaciones sinceras,
para que nunca pierdas tu privilegio.

Es cierto,
que quise robarte,
hurtar.

Pero me retiro, no sin verguenza,
y digo:
“Disfruta, compañero,
y se prudente. Que la vida es cruel.”

Me retiro.

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