Precisamente horas

Clemencia al cielo apelo,
rocíos merece,
ese pecho trizado
de la noche obscura.

Pliegues divinos,
tus cabellos,
silueta eterna
de tus gestos

La suave brisa,
verdad implacable,
la esperanza rendida,
la hora avanza.

Sonidos nostálgicos,
tantas botellas,
el mozo atento,
y la cafeína.

Y un enredo,
por suavizar esto,
no me sienta mal,
es mejor, ¿o no?

Pero no te vayas,
tampoco eso,
no sé que decirte,
no digas nada.

Mi adolescencia, si
tanta travesura,
olvidemos lo otro,
que tiemblo.

Mejor marcharse,
al reloj papal, allá,
y a regañadientes
solo callar.

Que no sé que sigue,
vuela el minutero,
y este aguacero interno
inunda mis latidos.

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