Cierto

¡Quién me manda a seguir en pie, viejo, quién!
Con el cuerpo dormido… un frío relativo, mis amigos acompañándome.
La guitarra desafinada y la desgracia acechante…
Pero la quiero, aún en mi hora más oscura (que es ahora) la pienso en forma casi obsesiva… y que mal viejo, que mal…
Miro la réplica de mi anillo de la suerte, y nada vale la pena.
Me compadezco.
Valgo nada y me doy asco; criticame ahora.
condename.

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