Sin aparente cohesión

Normal que si me voy sin ser echado vuelva sin ser llamado. No tiene nada de extraño que si estoy lejos de mis países tenga unas terribles ganas de volver por ellos y por mis cosas. La gente no me entiende, yo no los entiendo, y nos sonreimos todos los días. Me siento parte de muchos, quizás soy querido por muchos, pero no sé a cuantos quiero yo; el nombre que me importa ni me recuerda. A veces la ahogo en tragos baratos. Creo en las palabras, en las suyas, en las mías. Le creo a la gente, aunque no la entiendo. Miro mis vasos vacíos y entristezco. Miro el cielo despejado y los perros de la calle, y sonrío con el pecho hinchado de emoción. Imagino en todos mis caminos como sería la vida contigo, estar ante Dios como un hombre justo y no como un cobarde. Me aislo todos los días y cierro la puerta con pestillo, no quiero a nadie. Me quieren muchos, otros me miran con recelo, yo quisiera que se fuera el maldito frío de invierno y resucitaran mis cuadernos. Vestir lo que soy, y enfrentarme a mis temores sin vacilar. Puedo estar hundido, pero siempre estoy conciente.

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