Belijdenis

Fuiste la última opción real de salvarme de mi mismo. Aposté, y perdí, arriesgué y quedé con las manos vacías. Aunque si pudiera retroceder todo atrás, creo que haría lo mismo, aunque no lo quisiera, claramente. Suena una canción, la televisión y sus luces, el perro que ladra hacia la calle, yo aquí desdichado en París, desdichado en Londres, desdichado en mi Santiago de mis amores, en mi Valparaíso de mis amores. Tengo tormentas increíbles acechando la calma de mi alma, tengo amores infinitos brotando de las llemas de mis dedos, tengo el pelo hecho un desastre. Tengo una barba roñosa y poco saludable, tengo el torso desnudo, tengo las emociones esparcidas como cenizas, y tengo tus fotos. Afuera el Sol se dignó a salir, y creo que eras la última opción real de salvarme de mi mismo. Creo también, que la culpa y tu tienen una estrecha relación suicida. Quiero que te quedes conmigo no importa el cómo, pero más que eso quiero que te quedes con la felicidad de un mal amante, de alguien tosco e insensible que te haga realmente relucir de alegría en una belleza sagrada a mis ojos. Quiero que no te preocupes de mis muertes apresuradas a los veintisiete años, o a los treinta y cuatro, o a los veinte. Quiero que haga calor, y poder seguir bebiendo este vaso de leche hasta tomar tu mano nuevamente. Estoy conmovido, y estoy dolido; porque aún tengo esta maldita esperanza que me abraza y me consuela, y por otro lado, tengo la pordiosera musa del despecho, tratando de convencerme de tomar el camino fácil. “Resígnate” susurra, y susurra el viento, como las sinfonías de mi tocadiscos. Mi máquina de escribir me acompaña más fiel que nunca, y mi perro también. Me siento solo, pero no porque lo esté realmente, sino que porque me siento desgraciado, siento que tuve el cielo en mis manos y alguien me lo arrebató sin explicar nada, eso es lo peor que podría haber pasado. Escribí que ese día fue el mejor de mi vida, y cuando escribo nunca miento, por eso me gusta escribir. Creo que son las una y media de la tarde, y aún no hago la cama. Ayer me dí cuenta que tu mejor amiga se llama igual que mi mejor amigo, y me dió risa. Luego fui por algo de comida, y terminé almorzando a las cinco y media de la tarde. Salí, y al volver estabas, pero me duele como me evitas. Otros días habíamos hablado durante horas, y ahora todo es tan diferente, que siento asco de mi; trato de culparme por lo más mínimo, porque me siento responsable de haber hecho las cosas mal, por mucho que haya hecho todo bien, creo que lo hice todo mal. A veces pienso que eras la última opción que tenía de enderezarme, porque estaba dispuesto a todo, superé muchas fronteras de mí mismo, y creo que es admirable. Me siento más grande, pero también empequeñecido ante la vida y ante el destino. Creo que exagero un montón, pero tú también exageras un montón; en eso nos parecemos. Te gustan los perros, y a mi también. Tienes clase; y yo creo tenerla cuando estoy lúcido. Es segunda noche que sueño contigo, que te acaricio la pancita, no sé que quiere decir; pero cuando despierto siento que he muerto, porque en el sueño estoy vivo, y cuando se acaba, se acaba esa vida. Creo que no tengo nada más que decir, pero no diré adiós, porque tengo una vana esperanza de que algún día las cosas se forjarán como deben, y tendremos algo fuerte y durable como la porcelana, algo de que estar orgullosos. Y si no lo estamos, no importa, porque estaré bebido y ni siquiera podré hilar dos pensamientos. Justicia, justicia, justicia para los hombres de buena voluntad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: