Pájaro azul

Bebimos como nunca. Compré un whisky, invité a mis hermanos, mi familia. Celebramos la muerte, la victoria sobre la muerte. La trascendencia del poeta, su egoísmo, sus ansias de dejarle un regalo a los pobres diablos como yo.

Bebimos whisky como nunca lo habíamos hecho. Estaban mis amigos de las largas cabelleras. Estaba mi amigo el fortachón, el luchador, el vaquero.

Hay un pájaro azúl en mi corazón que quiere salir.

No recuerdo en que momento dormí, pero desperté.

Aún queda un vaso de whisky, y todos se han ido.

El aislamiento es el premio, y recompensa el pensamiento.

Hay un pájaro azúl en mi corazón que quiere salir.

Recité mis poemas favoritos, y aunque no todos comprendieron del todo lo que quise decir; hubo un silencio de catedral. Todos escuchaban atentos cada sílaba recitada con las llagas de mi alma.

Dieron las una, las dos, las tres, las cuatro, y tal vez las cinco de la madrugada. Todos estabamos muertos, nadie tenía nada más que a nosotros mismos. ¿Cuántos dedos ves? Veía cuatro, no cinco, y nada me lo impediría; veía lo que yo quería ver. Nada podia vencerme. Porque vencí a la muerte, y me burlé de ella en su rostro.

Hay un pájaro azúl en mi corazón que quiere salir, pero soy duro con él, y le pongo whisky.

El aislamiento es el premio.

Es de día, pasado de las dos de la tarde, y en mi pieza hay un caos divino. Estaba borracho, pero hablaba del primer poeta; Dios mismo.

Está todo revuelto, la cama, la basura, las latas vacías de cerveza; compré más cigarrillos, para morir, pero vencí a la muerte como el Cristo, no a su escala, pero a la escala del hombre.

Estoy mareado, y sentí las ganas irreprensibles de escribir, de retratar el momento.

Cada mínimo esfuerzo, valió la pena.

Hay un pájaro azúl en mi corazón que quiere salir, tenemos un pacto secreto.

Quiero dormir, pero ese dormir, representa la nada.

Bostezo tras bostezo, mi alma está llena por un instante eterno; nada importa, ya nada importa. El poeta venció a la muerte, y se rió de ella; llenó su vaso con más alcohol y sintió náuseas de felicidad.

La ropa no me ató nunca más; porque era feliz con mi miseria; era feliz amando a la mujer de mi vida, y aunque ella nunca me amará…

Hay un pájaro azúl en mi corazón que quiere salir.

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