Infinito

Una mirada, y ella entendía. Una mirada, y caminabamos al dormitorio, y las ropas caían. Nuestros cuerpos se fundían como metales incandescentes, las sábanas se incendiaban, y el sudor en nuestras frentes se evaporaba en forma inmediata. Esta era la única eternidad conocida, el momento infinito de su alma y la mía danzando hasta después del sexo. Su cabeza en mi pecho y el sueño, las caricias de brisa de mar, su respiración y mi aliento contiguos. Nada más importaba en ese momento infinito, nada.

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