Esto es lo único que me va quedando. No aproximo laureles ni aplausos, ni apretones de mano. Si alguna vez estuve abajo, en la sima, es ahora que estoy en el tope de lo bajo.

No pretendí esto, ni mucho menos me siento orgulloso por los hechos desafortunados, aunque ya muchos detractores postulan que esto un poco más y es hobby. En absoluto. Nada más frustrante que ser uno el culpable, el culpador y la culpa.

Está bien, tengo una juventud envidiable. Probablemente un intelecto envidiable. Pero nada de eso prima allá afuera. En estos momentos estoy congelado, con hambre, con una luca por si las moscas que hace un par de horas ni tenía, y con un olor a tabaco que evidencia mi inquietud constante. Estoy jodido, aunque de haber nacido allá arriba probablemente no estaría preocupado por “tonterías”, me vería un buen siquiatra, tendría plata para un copetito y seguramente un auto para escaparme de vez en cuando. No estaría preocupado por el crédito de la universidad, y ni siquiera por las notas, porque estaría en alguna privada donde un buen billetín me ahorraría la frustración.

La vida, siempre depara cosas en forma azarosa y desigual, es natural. Pero eso, no me deja tranquilo, quizás a otros sí les sirva de consuelo, a mí no. A mí me revienta, por ejemplo, comprar ropa decente una vez al año, sobrevivir con lo que me regalan. Me revienta deberle plata a mucha gente, y me revienta mi desesperanza adquirida. Me revienta despertar congelado, y no tener fuerzas siquiera para enfrentarme a un día que ya presagio perdido sin querer queriendo.

No quiero aceptar que “esto es lo que me tocó”. El día que lo acepte habré terminado de traicionarme, me habré vendido a todo lo que detesto, el conformismo, la mediocridad que me desagrada. Por eso estoy molesto, porque precisamente detesto estar en este punto donde no soy capaz de entregar mi cien por ciento. Es como estar tras una celda mientras ves como le pegan a tu mujer, como cuando ves ese video de maltrato animal y no puedes hacer nada al respecto.

Quizás si soy un fracaso, pero no me contento con serlo. No estoy conforme, aunque me hunda, aunque haya nacido para hundirme. ¿Pero y? ¿A quién le importa?

Me han tildado de cobarde, de individualista, de pecho frío, de flojo, de irresponsable, de pendejo. Ninguno de esos nombres me gusta, y si fuera uno o todos,  haría algo, no me quedaría inmóvil. Me siento avasallado por la realidad. Primero porque veo, segundo porque pienso, y tercero porque puedo conectar las cosas, puedo darme cuenta de lo cruel que es todo; sí, todo.  Algunos lo tienen todo, otros no tienen nada, y me parece miserable. Yo mismo soy miserable también, teniendo tantas herramientas, fracaso y fracaso, soy un desperdicio, una causa perdida. Y a nadie le importa realmente, a nadie. Y este vómito de palabritas se te olvidará apenas dejes de leer, querid@ lector(a), si es que no te dió asco ver tanto texto viniendo de tan pobre y mal intento de escritor.

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Un pensamiento en “

  1. nadie dijo que sería fácil, nadie, y nadie nos dice cuando se acaba.

    Juventud, divino tesoro,
    ¡te fuiste para no volver!

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