Omrefne

¡Tengo al Tártaro en mis entrañas, y no puedo dejar de gritar!

¿Quién habrá de librarme de tal sufrimiento insoportable?

Mis carnes empalidecen y maldicen al unísono

el momento aquel de consumar el pecado de la gula

en que ha entrado al túnel donde todo manjar pasa y se disuelve en ácidos de hombre.

Incauto, incauto fui por no medirme en la ingesta diabólica

en la adquisición del dolor titánico estomacal

y ahora entre sábanas me retuerzo como lombriz

y por mi fauces en cualquier momento

una flama estallará expulsando como volcán lo que no quisiera tener que arrojar

el lamento del averno que solo quiere escapar.

 

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