A

 
Padre, me gustaría pedirte un respiro menos mísero.
Que acortes estas distancias infinitas,
del capital y de la clase,
los muros infranqueables de lo efímero,
los bolsillos vacíos de dinero,
el acento acomodado,
la sonrisa superflua del poderoso,
y el dolor de infiernos del obrero al sol.

Las invasiones del desengaño,
comandadas por los dueños del mundo,
cuando no hay ni para el pan.
El tener que rapar mi identidad
por unas pocas monedas,
e insertarme en el mar de los hipócritas.

Llévate cada desesperanza aprendida,
cada sollozo indestructible que nace del alma del pobre,
dános hoy el júbilo de cada día,
sécame las lágrimas de sentirme indefenso frente al ritmo del mercado.

Dale al pobre paciencia, pero también,
perdona la fragilidad que a veces brota.
Los desvalidos no tienen derecho a sentir el sufrimiento,
porque está reservado a los ociosos poetas hipsters del barrio alto.

Nadie merece ser lastimado, Padre,
y tal vez pase por alto que le coqueteo a una niña-bien,
pero a veces si me gustaría
que la justicia existiera,
y dejar de retorcerme de angustia.
cuando la micro no pasa o hay que colarse,
o cuando el estómago reclama
y no hay que cresta darle.

Quisiera:
que los pesos estuvieran mejor repartidos,
que los besos entre clases no estuvieran prohibidos.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: