Condenado

Mis sombras me reclaman
como se reclama algo perdido
y encontrado. 

Los emisarios cobran lo que creen es suyo,
e indefenso, asisto a la cabalgata que me lleva a lo oscuro;
no hace falta más, voy como un cordero que va a ser degollado.

Indefenso, custodiado por demonios
conducido a algún círculo de la morada eterna subterránea.
Rasgadas mis ropas se deshacen en el calor,
a la espera de Radamanto,
a la espera del tormento. 

Me han abandonado. 
El favor de los dioses ha huído hacia otro extranjero atormentado que viaje errante.
Mis entrañas fueron arrancadas de golpe, y junto con ellas la bomba de vida.

Insomnio eterno para el condenado. 
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