Al encuentro

No hay juicios en tus pupilas
ni para mis traiciones de hombre
ni para mis dolores de santo

No me dejaste espacios
ni para excusas
ni para miedos

No hay egoísmos en tu país de libertades,
donde ambos
caminamos unidos de la mano
y nos bañamos en ríos primavera
como si no hubiera final
para esta vida, compañera.

Y aunque han habido otras,
y otros
por nuestras veredas personales
agrietadas
nos cruzamos en la calle
por casualidad
y entonces, nos reconocimos.

Pensé: “La vida es un camino que mientras se crea,
se destruye,
y solo nos deja el paso de un presente
para amar con locura,
porque la vida cuando se entiende,
se acaba”.

Nos reconocimos entre multitudes;
en la bruma de nuestros problemas
y entonces
no hubo un nervio de mi cuerpo
que quedara indiferente al encuentro
cuando brilló una luna
que iluminó mis soledades tan acompañadas
hasta la mañana de mañana,
hasta mañana.

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