Trance

     Mientras él está de luto, ella se embriaga de carnaval y colores vivos. En un cuarto oscuro, escribiendo en su escritorio, él se autoexilia en una época superficial y materialista que le parece extremadamente fútil en su extensión, con gente pedestre e ignorante que explota en una alegría pasajera en fechas como esta. Ella, por su parte, no advirtió nunca la cinta negra que él llevaba siempre en su brazo de forma religiosa, y ante sus extravagancias, solía no darles mucha importancia para no incomodarlo. La época de carnaval era una época especial del año, y una fecha que ella disfrutaba al máximo, como otras festividades que se presentaban. Su carácter era alegre, poco reflexivo, liviano, aunque astuto y crítico, y no siempre lo suficientemente solidario. Si ellos formaran parte de una moneda, él definitivamente vendría siendo la otra cara; taciturno, algo misántropo, introvertido y serio, a pesar de que a veces cuando buscaba desquitarse consigo mismo mostrara una faceta dionisíaca que acariciaba la autodestrucción. El carnaval había empezado hace poco en el pueblo, y la gente danzaba, celebraba y bebía en las calles, como si no hubiera a haber mañana. Unos, más centrados que otros, disfrutaban en forma responsable. Otros, más desenfrenados, perdían la vida por alguna irresponsabilidad lamentable. Nadie, excepto él, entraba en un profundo trance de conexión y examinación interna, en el cual necesitaba guarecerse en su templo de madera para aplacar de alguna forma la pena enorme que le inundaba al sentir que no formaba parte de ese colorido conjunto danzante que anegaba las calles. Era la figura más excéntrica en el pintoresco cuadro, y si le hubiera estado permitido, se hubiera arrancado él mismo del lienzo con tal de olvidarse por un segundo de su desgraciada posición. Mientras él está de luto, ella se embriaga de carnaval y colores vivos, y ni siquiera la mancha de la muerte de él podría impedir que la vida siguiera su curso, en una espiral de alegría y festividad que no pararía a observar fenómenos tan particulares como los de un hombre que se ha recluído a sanar sus alas destrozadas.

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