Epitafio

Las manos se alzan al cielo a un dios que no responde.

Aplacar este dolor no es posible sino a alto costo, y abandonar la vida se vuelve razonable.

No hay certeza, no hay sueño, no hay fuerza sino para un intento determinante por dar un salto al vacío.

Forcejear es inútil.

Resistirse es inútil.

La vida se vuelve un negativo inmóvil que cercena toda ilusión, y el claustro solo retarda el desenlace, mientras la hoja de acero sigue separando la carne, creando cierto alivio pasajero.

Las marcas no se borran, y nadie escuchará mi lamento gris.

No hay pájaros azules que acudan a este naufragio, no hay voz que se atreva a dar este grito; no hay manos suficientes para levantar el peso muerto de una tempestad silenciosa que arrasa.

Las manos se alzan al cielo a un dios que no responde.

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