Al final del día

Tantos se desangran en engaños,
con máscaras trizadas que se caen en pedazos
tantos sonríen queriendo convencerte de lo imposible,
tantos más palpando mano en tu hombro el próximo asalto, tantos.
Yo soy testigo.

No creo en nadie de sonrisa amplia
y caricias rápidas
que buscan en quien posarse; 
desecho esas carcajadas livianas
esos abrazos de pacto que juran y juran.
Yo soy incrédulo.

Comprendí que no se cuenta si no con la sombra
y unas frases en la memoria
para subir al escenario monstruoso
que devora lo más íntimo de ti
hasta reducirte a la nada,
entre aplausos y sonrisas,
amistades eternas,
compañeros de camino,
y novias, amantes,
que compiten por tu cuello,
jugándose el alma en ello.

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