07:00 am – Memoria famélica y borrosa

↓Para. No impedirá la noche que hable de ti,  menos la madrugada, y ninguna de las partes del día, ah! porque tú eres mi día. ¿Cómo iba a pensarlo de otro modo? Respiro hondo, y aún con universal palpitar de furia y manos temerosas, me decido a memorizar todos tus detalles, lógico, y lo digo porque quizás no haya otra vez que te mueva la caridad milagrosa de compartir el mismo aire, espacio, sin repugnarme y culparme o más bien compadecerme. Bien lo entendería, por cierto, ↑no es para menos-. Pese a todo me abandono al futuro, arriesgando la pérdida completa de mi más favorita de todos los tiempos, y mi misión suicida evidentemente puede fracasar. ¿Y qué va? No puede ser otra cosa que fracaso ir y volver del infierno como si fuera costumbre, flotar y hundir, flotar y hundir, hasta que un día decido parar y ser duro; dar la pérdida por resuelta y recrear un funeral incluso, para entender que es irreversible, y así llevarlo mejor. Deberías confirmarme eso. Cuando estoy animado, me discuto y me interrumpo tajantemente diciéndome que las posibilidades no son binarias. Siempre la moneda puede caer de canto, por remoto que parezca, y mantengo un fragmento de mí mismo cuidando esa idea constantemente, aunque mirarte y escucharte me comuniquen indiferencia, desprecio, desinterés. Como es la realidad y como es que “es” ahora. Tal fragmento es independiente de todo, y de todos. A veces crece ingenua y absurdamente, y otras decae a lo más profundo al mirar con esos ojos de realidad, que es lo obvio. Nunca todo depende mí. La vida es corta, y también quise resolverla de manera sencilla en el máximo acto de libertad. Es por eso que a veces no es bueno tentar al reloj y dejar las cosas pasar, a veces es peor. No todos son Humphrey Bogart. No todos son Ethan Hawke. Quizás ya no decida ser dueño de mi vida, pero qué dispondrá el creador? Mi hora no la conozco, y bien podría ser mañana, contra mi voluntad, el momento de partir, con tanto, tanto aún que poder decir(te). Reclama lo que hiciste tuyo, o piérdelo como yo lo perdí (de tanto esperar y ¿confiar?). Luego y con otra claridad entiendo la seriedad de tu rechazo; entendí que ninguna esperanza podría tener sentido cuando decodifiqué un mensaje de repugnancia tan, tan claro. Así como yo creo poder reparar todo, creo que no se puede reparar algo que desapareció, que ya no está. Ni siquiera tengo los pedacitos para juntar y restaurar.

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