Lavanda

Enciendo el incienso, y el humo color lavanda recorre suavemente la habitación. Sin querer queriendo es el aroma con el que te invoco y abrazo tu fantasma. Enciendo el incienso con cierta esperanza vagabunda de recrear el ayer y el mañana, digo, después de todo soy humano como cualquier otro, y la esperanza dispone de tantos terrenos baldíos… Supongo que es la única manera de conciliar el sueño otra vez, con esa compañía ficticia de tu cuerpo envolviéndome.

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