El altar del dios conocido

Y en mi determinación final, en la época de la banda de asaltantes, le pongo fin al contrato tácito de esclavitud cardíaca. Mi pulso NO resiste alientos postizos, ni vacíos de alcoba, ni sueños subterráneos en laberinto que conducen a muertes reiterativas. Quizás es la primera muestra de independencia firme que nace al amanecer de este año, no hay terreno baldío que soporte una esperanza carnívora y caníbal, ni menos una resolución suicida.

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