Epílogo

Quedan unas cuantas horas todavía. No creo en nadie. No creo en nada. No existen los milagros. No existe nada. Perdí la voluntad de vivir. Silencio, lágrimas, desesperación, recuerdos imborrables de felicidad que son peor que mil agujas. Tener la certeza de haber dejado escapar esa felicidad genuina. Esta fue la senda del perdedor. El arruinador arruinado. Mis últimas palabras son estas. Fui no más que un hombre, no menos que un hombre. Abbá,Padre! ¿Por qué me has abandonado?

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