Los latidos se aceleran, me inunda un peso invisible sobre los hombros y leo…

Tenía mis sospechas, aún lo son, claro, pero me anticipo a comprender la situación y el por qué de “esa” sorpresa.

Siento angustia y algo de desesperanza, que no es racional, para nada, es el sentimiento puro y no planeado a pesar de conocer el presente a cabalidad, las consecuencias de los errores y pecados propios y la ruina de este presente desesperanzado.

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