El fruto del esfuerzo es alegría genuina, pero nuestro esfuerzo va más allá de todo límite; por eso nuestra felicidad va más allá de todo lo explicable. Lloré por la felicidad que no viví en meses de meses y que merecía. Lloré y reí, con una sonrisa tan grande y verdadera que era como si fuera la primera vez que veía tu alma desnuda frente a mí. Como si fuera la primera vez que te veía, tan impresionado que examiné cada detalle para asegurarme que fueras real. Sonriendo de la misma forma ambos y de forma tan recíproca, que me sentí amado de la misma forma que me entregué. Compartiendo la misma piel, el mismo espíritu, y la misma fuerza volcánica de no dejarnos ir más.

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