Adiós Mayo del ’68

  Me da pena ver esta generación. Si eres joven, tienes que fumar weed, ir al “Lolla“, subir a la nieve, tirarte ácidos escuchando electrónica, carretear hasta borrarte en algún pub de moda o en el depto de un amigo, pero no sin una buena “previa” y ojalá tener una historia sexual cool sobre esa noche o sobre el after para compartirla en páginas universitarias sobre confesiones o contárselo a tus otros amigos, igual de superficiales y arribistas. Lo veo de casos, desafortunadamente, muy cercanos; gente de la universidad, conocidos, otros no tanto… Hay casi una guía para el correcto goce de la juventud basada en materialismo, hedonismo, o “carpe diem” malentendido. La diferencia entre esa juventud modelo de la ideología de mercado actual y la juventud real de los menos favorecidos es brutal.

   Sin embargo, y entendiendo las distancias entre alguien de La Pincoya y un ciudadano de Sanhattan, el modelo logra convencer a ambos. Tal modelo aplica (y engendra) las mismas ideas en ricos y pobres; por sobre todo, una persecución absurda por dinero y adquisición. Por otro lado, poder cumplir con los estándares de vida que reclama la mano invisible, la cual se vale de bombardear con propaganda de como ser un occidental a la moda, que logre codearse con la tecnología y redes sociales y que seguramente, como adulto joven e independiente (que por nada del mundo querrá hijos) puede disfrutar siendo un geek o un gamer en sus tiempo de ocio, y si no basta, puede estar al tanto de cuanta serie de moda tenga que ver para no quedar fuera de las conversaciones de sus coetáneos. Eso nos venden, y eso compra la mayoría, que solo por ser mayoría no es despreciable, porque cualitativamente, lo son.

  Todo este descargo luego de leer la columna de Cristóbal Guarello sobre la Maratón de Stgo. y las 30 lucas de inscripción, de cómo te reprendían si intentabas “colarte”, de cómo antes era todo gratuito y abierto al público y de cómo ahora absolutamente todo es negocio y publicidad y casi nada deporte. Por un lado, la gente sacándose “selfies” en medio de la maratón, ojalá con los bastones que están de moda, para subirlo a instagram/facebook/twitter y pavonearse de lo buena que es su vida social y lo deportistas que son. Por otro lado, organizadores fraudulentos que bajo la etiqueta de corporación evaden impuestos y se enriquecen privatizando una actividad deportiva supuestamente familiar, sin considerar por un minuto el nivel de organización que requiere un evento tan grande, puesto que ocasionó tacos de hasta dos horas en algunas calles. Todo para que la Dominga y el Pedro Pablo alimenten su ego fingiendo ser runners, o peor aún; logrando serlo, tomando en cuenta que tal concepto también es creado por el mercado.

  El panorama no es alentador considerando el ritmo de la vida actual para un adulto. Algunas cosas si son seguras. Primero, que Dios está fuera de toda ecuación mercantil. Segundo, que las ideas del modelo son contagiosas, porque la estupidez y falta de criterio abundan, más aún en los jóvenes. Tercero, que no hay esperanza, puesto que los grandes agentes de cambio a lo largo de la historia han sido exclusivamente, ya imaginan, los jóvenes.

  Idiotiza a los jóvenes, y esclaviza a la humanidad, porque los niños no tienen conciencia, los ancianos no tienen la fuerza, y los adultos no tienen tiempo para cambiar nada, están rendidos. Los jóvenes son la única clave; y esto lo escribo a modo de recuerdo, porque tengo fe en que aún quedan genios y revolucionarios esparcidos en rincones, capaces de incendiar corazones y mentes audaces no solo con palabras, sino con la acción y disconformidad que naturalmente deberíamos tener como generación.

Allende decía que ser joven y no ser revolucionario era una contradicción casi biológica. Bueno, darle golosinas eternamente a una sociedad que no quiere crecer ni asumir sus propios problemas parece muy conveniente para la clase dominante, la cual groseramente muestra la hilacha hoy por hoy con sus fraudes, colusiones y estafas. Por todas estas razones, es que ya no habrá, al menos no entre los míos, otro Mayo del ’68. Hemos quedado a la deriva.

“La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, (1984, George Orwell).

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