Jaula

El dolor de la pérdida
de ese veintisiete de Noviembre
me arrancó el sueño.

No he vuelto a dormir desde entonces
mucho menos soñar.

El insomnio es la marca
que dejó tu pérdida,
que llegó al centro
de mi ser
atravesó mi alma
una y otra vez;
y las cosas cuando llegan a los centros
no hay quien las arranque.

Voy de pesadilla en pesadilla
lamentándome
tal como me lamenté,
en tu cuarto,
llorando impotencia,
de rodillas ante Dios
pero sobre todo
ante ti

Mi corazón lleno de sangre entre mis manos
y tu tan presente y tan ausente

Ese mismo que te amó como se ama
lo más sagrado
es el mismo que no duerme
porque araña tu nombre
en mi piel
en todas mis lágrimas de madrugada
y dispara recuerdo
tras recuerdo
tras recuerdo
de cuando creía tanto en la vida
que aún quería vivirla
y no abandonarla ahora
con tanta,
tanta desesperación.

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