XXVII

 La vida del hombre en la Tierra es lucha. Una fortaleza infranqueable he vuelto mi mundo, que revuelto, se descascara entre emociones demasiado contenidas. Caos. Angustia. Lo cotidiano es repetitivo y solo esconde una profunda crisis vital. Estoy expuesto al abandono de algunos y la impotencia de otros. La autodestrucción aflora como el paso lógico y seguro. Ni siquiera levantaba el lápiz metafórico en un buen tiempo. Ya no te quiero – sinónimo de: nunca te quise realmente. Hay odio contenido y ganas de dañar, pero no convencen ni son racionales. Ni siquiera hay fuerzas para el desquite. Estoy en ruinas.

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