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Pensé que eras mortal, pero hasta tus penas son divinas.

Viernes

Lamentablemente, la única que no sabe que eres valiosa, bella en esencia, digna de todo respeto y amor, interesante como nadie más, y además merecedora de mi tiempo, eres tú misma. Te tratas como basura, y frente a eso, ¿qué puedo hacer yo sino entristecer?

Una sociedad carente de principios, moral, y valores, cosas que durante mucho tiempo tuvieron sentido, da paso a una existencia pobre y miserable, en la cual tanto la experiencia colectiva como individual se vuelven un goce nihilista y egoísta, carente de fines ulteriores y de toda posible espiritualidad, que a fin de cuentas es lo único que nos distingue del resto de los animales. Honestamente, como testigo de la evolución de la sociedad, sobre todo de la juventud, al ver su pobreza de espíritu manifiesta en su estilo de vida solo confirmo mi propia desesperanza hacia el rumbo que sigue día a día un orden perverso y aniquilador como el que nos gobierna.

El propósito del poeta

 Quiero arrastrar con mis palmas el pensamiento de toda una generación. Arrastrar en una oleada a seres pasivos impensantes, y al hacerlo, hacerlo con tanto ímpetu que las olas derrumben todas las arquitecturas históricas insignes de la injusticia. Tengo que escribir para destrozar las estructuras de lo absurdo de manera tal, que no quede nada en pie. Mi voz tiene que ser como un trueno que desgarra el cielo; mi discurso debe ser tan fuerte que haga pedazos las mentes inertes y llene de adrenalina la potencia de las mentes ágiles y jóvenes que me acompañen en la lucha hasta la hora de mi muerte e incluso más allá. Como la luz de una estrella extinta que sigue iluminando a través del cosmos.

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No soy de ningún lugar

No soy de nadie

No soy nada

nada

Juez y parte

Hoy tuve la oportunidad de disfrutar de una obra maestra del cine, la película “Se7en” (traducida al español como “Los siete pecados capitales”), película de David Fincher de 1995, protagonizada por Brad Pitt, Morgan Freeman y el talentosísimo actor Kevin Spacey (quien de paso reciba toda mi admiración, ya que ha aparecido en otras películas como “The Usual Suspects” y “American Beauty”). Esta película sin duda me ha dejado en shock, pero en un shock agradable, de esos que te hacen reflexionar respecto a lo que sucede a nuestro alrededor nuestro, a nuestra vida en sociedad, y es que no es para menos si se trata de una historia tan bien articulada y con una trama tejida con tal precisión que incluso a la mente más brillante no dejaría de asombrar.

Usando como argumento un tema que ha trascendido a lo largo de la historia, como son los siete pecados capitales, el asesino John Doe (caracterizado por Kevin Spacey) organiza un plan maestro para adoctrinar a la sociedad de consumo de los años ’90, sumida en un sistema opresor, idiotizante, y concentrada en lo banal en demasía, para “darles con un mazo” (como asegura John Doe en la propia película) y despertarlos acerca de lo que sus vidas realmente significan, algo así como un mesías moderno que viene a romper paradigmas y concientizar.

Sin embargo, y para no entrar en tanto detalle sobre la película, quisiera precisar en un punto que me parece fundamental; y es observar como el ser humano, en este caso el asesino, pretende ser juez y parte de lo que para él es injusto. Recurriendo a la religión, o mejor dicho, a una creencia distorsionada de una visión cristiana de la vida, el ser humano en términos generales ha matado, torturado y juzgado según lo que para él es correcto, lo que para él es “bueno” o “malo”. Sin ir más lejos, históricamente tenemos el caso de la inquisición, el holocausto judío, o un ejemplo más cotidiano, el racismo. Y es que aunque varían en intensidad todos aquellos juicios sobre lo bueno o lo malo, o lo correcto o incorrecto para una sociedad, todos poseen un ingrediente común; el anhelo de ser juez y parte, ostentar la capacidad de juzgar en desmedro de otro sin considerarnos a nosotros mismos y lo que es peor, aprovechándonos del poder que podamos ostentar en determinados casos para hacer lo que “creemos” justo. Caso similar observo hoy en día en parte de la comunidad evangélica, que a pesar de que merece todo mi respeto, abunda en ejemplos de personas legalistas que más que construir y contribuir en el correcto desarrollo del ser humano (para su dogma) termina finalmente juzgando por cosas triviales, como el largo del cabello, la ropa, etc., sin ir a lo esencial de cada caso y obviando, además, el correcto proceder de un creyente del cristianismo en cuanto a predicar su doctrina, es decir, una total contradicción.

Es necesario que de una vez por todas podamos ser conscientes de que es imposible ser juez y parte de cualquier proceso, algo que es imprescindible para el derecho; imparcialidad e independencia para poder juzgar en forma correcta cuando se necesita; un principio que debe ser asimilado para un correcto desarrollo social si es que no deseamos pervertir y/o destruirnos como día a día lo hacemos. Al mismo tiempo, y por qué no, ser capaces de reconocer las manchas de nuestro vestido, poder ver en cada uno su pecado capital sin necesidad de asesinos redentores que usurpan y usan nombre de Dios para matar sin piedad.

La última oportunidad

Que confuso, angustiante y decepcionante es a veces reflexionar acerca de la fugacidad y fragilidad de lo que nos rodea.

A lo largo de la historia el ser humano ha luchado contra la muerte, su destino, los problemas que lo rodean a lo largo de su vida y sus propios sentimientos, y naturalmente, es algo que nos afecta a todos como individuos a lo largo de la vida. Desde tiempos inmemoriables se ha escrito al respecto, se ha dejado testimonio de distintas formas, lenguajes y maneras en cada tribu, civilización o nación, ya sea mediante sus chamanes, curanderos, escribas, o grandes pensadores, pero al final siempre se llega al mismo punto, el ser humano es frágil, vulnerable y comprometido totalmente con sus propios sentimientos respecto a su realidad, y sobre todo frente al porvenir.

He aquí el punto importante al respecto, el hombre debe lidiar con un futuro totalmente inexplorado e inquietante, no sabemos que pasará el día de mañana, ni siquiera si estaremos vivos, y frente a esto el miedo naturalmente nos invade si estamos lo suficientemente conscientes al respecto, es lo más sensato. Algunos recurren a la religión, otros a una vida desenfrenada y fugaz, otros más drásticos al suicidio, pero de todas formas es indiscutible la muerte, la única certeza que nos acompaña desde el momento de nacer hasta que llega la hora final, pero también en cierto punto la vida del hombre recibe ciertas luces o pistas sobre como debe comportarse o quizás cambiar de rumbo. Esto me recuerda mucho a ciertas palabras de Hernán Rivera Letelier (escritor chileno) sobre el actual presidente de la república de Chile Sebastián Piñera, quien frente a las múltiples circunstancias acontecidas en tal país, no reacciona de forma adecuada y sensata en cuanto a tratarse del máximo mandatario nacional, ya que esperaríamos respuestas inmediatas y en favor de las mayorías disconformes, (aquí el artículo al respecto si es que logran relacionarlo con las ideas anteriormente expuestas tal como lo hice yo: http://www.cooperativa.cl/hernan-rivera-letelier-compara-al-presidente-pinera-con-el-huaso-contreras-/prontus_nots/2011-08-29/131109.html ).

¿Acaso no nos pasa esto a todos en algún momento de nuestras vidas? Pistas, señales de que debemos cambiar el enfoque de nuestra perspectiva, tal como me lo enseñara mi maestro de literatura, don Luis Elmes Araya, profesor del Instituto Nacional Gral. José Miguel Carrera, perspectivismo; alejarse de la inmensidad de las cosas que se nos presentan para poder asumir de manera crítica y racional una solución posible, que considere aquellas cosas que a veces se nos escapan de la vista. Perspectivismo, a veces un paso elemental para aprovechar lo que podría ser nuestra última oportunidad antes de marchar a otra vida, si es que estamos de acuerdo en que la hay.

Ricardo Belucci

Negarse a la realidad es cobardía, abstraerse de lo concreto puede ser válido, pero no aconsejable. Si con tal de sonreir algunos prefieren taparse los ojos, yo prefiero mirar impávido el asesinato de la bondad, o lo que venga; solo de esa manera se puede tener conciencia, observando sin miedo para poder soñar con propiedad.

Sombras

Quizás un día ha de salir el sol en este invierno subterráneo, en esta torre de penumbra y engaño, donde las sombras se alargan y las lágrimas brillan por su ausencia.

Abril

Y cuando ví esas hojas secas en la tierra… mi espíritu se conmovió; como si fuera un niño nuevamente sorprendido por la estación más bella y poética del año: El Otoño.

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